El puente de la solidaridad: Un relato de esperanza y unión-Rosa de la Aurora

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Voluntarios y rescatistas trabajando juntos en una zona de crisis en Venezuela, entregando suministros de ayuda humanitaria.

El Puente de la Solidaridad


​Había una vez un mapa hecho de hilos de oro y plata, donde cada país era un jardín con su propio aroma, su propia música y su propio color. En ese mapa, existía un lugar hermoso rodeado de aguas tranquilas y gente de alma cálida, a quien todos conocían cariñosamente como la Pequeña Venecia. Sus habitantes tejían redes de alegría y compartían el calor de su tierra con cualquiera que cruzara sus caminos.

​Una noche, sin previo aviso, las profundidades de la tierra despertaron con un rugido pesado. El suelo de la Pequeña Venecia se sacudió con tanta fuerza que sus hilos comenzaron a tensarse, agrietando los caminos y dejando una estela de polvo, silencio y frío. El miedo se instaló en el aire, y por un momento, el mapa pareció quedarse a oscuras, conteniendo el aliento ante el dolor de aquel rincón herido.

​Pero el dolor humano tiene un sonido que viaja más rápido que el viento. En los jardines vecinos, al otro lado de los mares y de las montañas, los habitantes del mundo sintieron un tirón directo en el corazón. Sabían que no podían quedarse mirando desde la distancia.

​Fue entonces cuando ocurrió el verdadero milagro. Desde los puntos más lejanos del mapa, hombres y mujeres de diferentes lenguas y culturas salieron de sus hogares llevando consigo linternas de esperanza, mantas de consuelo y herramientas de reconstrucción. No había caminos directos entre ellos, así que decidieron unirse, mano con mano, hombro con hombro, hasta dar forma a una estructura maravillosa que suspendieron sobre el firmamento: El Puente de la Solidaridad.

​Por ese puente de manos entrelazadas comenzaron a caminar los rescatistas, los médicos y las provisiones, cruzando las fronteras en un abrazo invisible pero firme. Cada nación que enviaba su ayuda colocaba un pilar de luz para que la Pequeña Venecia no se sintiera sola en la penumbra. El puente demostró que, aunque la tierra pueda agrietarse, el amor de la humanidad tiene una fuerza inimaginable.


Reflexión de gratitud:

Hoy, este cuento se vuelve realidad en nuestros corazones. Ante los momentos tan difíciles y dolorosos que vive Venezuela tras los sismos de anoche, quiero tender este Puente de la Solidaridad con nuestras palabras y pensamientos. Expreso mi más profunda gratitud a todos los países y corazones del mundo que, sin dudarlo, han ofrecido su colaboración, sus manos y su auxilio. Gracias por recordarnos que la compasión no conoce fronteras y que, cuando nos unimos, somos capaces de levantar la esperanza desde cualquier escombro. 


Fuerza, Venezuela.


Escrito por: Rosa de la Aurora

Costa Rica

 


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