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miércoles, 21 de febrero de 2018

A FLOR DE PIEL

A FLOR DE PIEL


Llevo tu nombre inscrito
 como una danza en el vientre,
como un valls de mariposas
que coquetean con mi ombligo
y me incitan las más inquietas travesuras.

Las más dulces caricias que mi piel conociera.

Llevo tu aroma como plenitud
que regocija mis carencias,
desabrochando los botones a mis sentidos,
desequilibrando la estabilidad de un suspiro
que me traspasa como una flecha envenenada
en medio de mi pecho.

Como un pliego de alucinaciones
que van más allá de mis restricciones,
rozando mi piel
con la humedad de tu lengua.

Avivando este fuego,
 hasta incinerar mis noches completas,
disolviéndome en tus manos 
junto al placer de dos exquisitas palabras
nacidas desde el alma:
Te amo.

 



lunes, 19 de febrero de 2018

INTRÉPIDOS DELIRIOS

INTRÉPIDOS DELIRIOS



Me acaricias la piel como una gota de rocío
que estimula mis latidos al contacto de suspiros
y ahuyentas de mis noches los tímidos aullidos
que desafían mis sueños,
despojándome de miedos,
arañando las paredes de mis ávidos sentidos
y me dejo caer en el inconsciente tan abstracto
de este imperio de pasiones,
donde el pináculo de mis esporas
se tornan erguidas como un centinela,
ultrajado por los rayos de la aurora
y la complicidad de un beso.

Desajusto las agujas que susurran
barbaries en el horizonte,
queriendo robarle a la noche
sus excitantes pasos
y sumergida
en este mar infinito de posibilidades,
me cuelgo de una estrella,
para contarle al silencio mis fantasías
y susurrarle bajito al oíd,
 que tú, eres la causa indeleble
de mis intrépidos delirios.




sábado, 17 de febrero de 2018

¡MIS LAMENTOS!


¡MIS LAMENTOS!

¡De nuevo! 

Una lágrima viva
agrieta los rincones de mi piel
y desperperdiga mis plumas,
cual esporas frescas.

Este sentir que paraliza mis alas
y me deja ver el mundo,
desde la concavidad natural de sus tristezas.
Que me hostiga con su hollín quejumbroso.
Con sus incendiarios aromas de resquemores
mezclados con la tierra.
.
 ¡De nuevo!

Me vine sin piedad a la superficie,
en una ráfaga de tormentas
que azotaron mi vuelo
y la lluvia salada que brotaba de mis ojos,
fue cayendo sobre la lumbre
 que yacía  bajo mis  pies
y convierténdose en ceniza seca.

¡De nuevo!

Mis lamentos volaron al inframundo
a los oídos de mi padre
y desfallecí por un instante
queriendo acompañarle,
pero la brisa
se compadeció de mi  tristeza
y como un leve susurro
fue pasando
dejándome  un beso
tan blanco y suave
como la primavera.