Divagaciones sobre la vida
y la muerte
¿Es la vida un paso a la muerte o la muerte un paso a la vida?
Azucena, una joven de mediana edad, nunca había tenido la experiencia de ver fallecer a una persona. Era hija de un hombre bondadoso que dedicó su existencia a hacer el bien y a compartir lo poco que tenía, sin importar los malos tratos que a veces recibía de vecinos envidiosos que intentaban obstaculizar su fe. Sin embargo, la enfermedad lo alcanzó, y verse postrado en una cama lo obligó a detenerse ante el mundo y empezar a mirar en otra dirección.
Fue en esta etapa cuando Azucena comenzó a confirmar ciertas observaciones sobre su vida espiritual. Siempre había sentido, por lecciones propias, que existía algo más allá de la muerte; una divinidad que se manifestaba ante ella mediante señales que, por momentos, resultaban confusas.
Durante la enfermedad de su padre, estas señales no se hicieron esperar. Un divino olor a rosas sobrevolaba la habitación por la madrugada, sin que hubiera una sola flor cerca, y una flauta tocaba una dulce melodía en la oscuridad. Era un fenómeno que solo algunos allegados podían percibir. Pero quizás lo más sorprendente fue que el enfermo era instruido por una mujer a quien él describía como bellísima, la cual le indicaba cuándo sería el día de su descanso. Además, su padre mencionaba que cuatro centinelas custodiaban su cama.
Azucena supo concretamente, a través de las palabras de su padre, que la siguiente semana sería su partida. Toda la familia, segura de ello, intentó prepararse para tan difícil momento, tanto interior como económicamente.
Cuando su padre falleció, lo hizo con una sonrisa y una luz en el rostro. Rodeado de su esposa e hijos, se despidió de cada uno con una mirada dulce, mientras su corazón se detenía lentamente. Él mismo, sin ayuda alguna, fue posicionando sus manos y piernas adecuadamente para partir.
Hubo en aquella habitación una sensación de portal abierto que conducía a otro mundo, un lugar tan lleno de paz que daban ganas de viajar por allí también en ese mismo instante. Azucena tuvo que resistirse a esa "puerta", pues con su madre en los brazos implorándole que se la llevara con él, necesitó pronunciar palabras consoladoras y cortar el vínculo que sentía con la muerte.
Entonces nace la pregunta:
¿Su padre había vivido para morir y por ello se iba tan feliz?
¿O estaba muriendo para empezar a vivir algo que ya lo llenaba de felicidad?
Hay quienes piensan que la vida es solo un castigo, un estado transitorio en el que venimos a sufrir para convertirnos en nada. Otros creen que pasamos a ser materia, tierra o una planta. ¿Pero qué propósito tendría nacer para renovarnos en algo inferior? ¿Ser devorados para volver a nacer en personas? Tendría sentido que la humanidad no tuviera un final, sino que siempre fuéramos parte de algo; incluso convertirnos en polvo de estrellas, comprobando que nunca moriste, sino que abandonaste el cuerpo anterior para vivir en otro.
Si viniste solo a morir y convertirte en "nada", ¿para qué viviste? Quizás siempre estuviste muerto, con la única facultad de caminar y expresar inconformidad. Ser parte de una "nada" en la que nunca fuiste nada porque no creíste tener un propósito.
Otros pensamos que la vida es un estado de felicidad y, a pesar de las lágrimas, siempre hay esperanza. Creemos que más allá de la muerte existe un paraíso donde seremos reconstruidos y nos reencontraremos con nuestros seres amados. No morimos, simplemente cambiamos de cuerpo en una dimensión más espiritual donde se habla de eternidad.
Entonces... ¿estuvimos los seres humanos vivos realmente o empezamos a vivir después de morir?
Yo creo que esto, más que una divagación, es un estado de reflexión: ¿Quiero vivir para morir o quiero morir para seguir viviendo?
Todos quisiéramos ser inmortales, pero vivir para morir no tiene sentido. Más allá de lo espiritual, lo lógico es que no vivamos solo para esperar el final. Tenemos plena conciencia de que esta vida corpórea es única; por lo tanto, qué bello sería si todos viviéramos para vivir y no para morir.
Vivir para seguir viviendo es quedar en el grato recuerdo de los que permanecen en esta tierra; es seguir viviendo a través de nuestro ejemplo, de nuestras buenas obras y en el pensamiento diario de nuestros hijos, padres y comunidades. Eso sería vivir: vivir para seguir viviendo, sin importar lo que haya después de la muerte.
Escrito por: Rosa de la Aurora
Costa Rica
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Hay una frase de creación Azteca, que según dice. . . "NACEMOS A LA MUERTE Y MORIMOS A LA VIDA" La vida es solo un momento por el transcurrimos, la muerte, es por y para siempre.
ResponderEliminarPor y para siempre Túyyo mi cariño, admiración y saludo.
Revisando veo, no la completé la frase "Azteca" y la dejé inconclusa, mil disculpas... debe decir:
ResponderEliminar. . . ""NACEMOS A LA MUERTE Y MORIMOS A LA VIDA ETERNA""
Enorme abrazo Querida Poeta y Maravillosa mujer.
Cuídate por favor, eres muy valiosa y pilar de tu hogar.
MUY BELLA LA FRASE MI QUERIDO FER Y MUY SABIA. Gracias por traerla a mí . Besos 😘. Cuídate.
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