El reflejo de la entrega
Aún veo a esa niña menuda de pasos lentos, corriendo por el patio con una risa que no conocía de malicia. La veo con su uniforme impecable, cargando una mochila llena de cuadernos que, a veces, pesaban más que sus propias fuerzas. Recuerdo los días en que la escuela se volvía para ella un bosque de sombras; los pupitres donde el sueño la vencía y las risas ajenas, esas que nacen de la incomprensión a su discapacidad cognitiva, intentaban apagar su luz. Repitió inviernos y lecciones, soportando el eco del acoso con una paciencia que solo los ángeles poseen.
Pero el tiempo, ese escultor silencioso, la ha transformado.
Hoy, la observo desde mi ventana. Está sentada en el marco de la puerta de su cocina, bañada por la luz mansa de la tarde. No hay rastro de aquella niña herida; en su lugar, hay una mujer cuya valentía no necesita de gritos para ser escuchada. Con una delicadeza infinita, sostiene entre sus manos las manos de su madre —ahora cansadas, ahora perdidas en los laberintos de la memoria—. Con un gesto lleno de ternura, le acomoda el cabello o le ajusta el abrigo, cuidando cada detalle con una devoción que estremece.
Es ella quien sostiene el hogar. Ella, que fue señalada por "no entender", es la que mejor ha comprendido el lenguaje del amor más puro. Mientras el mundo corre de prisa, ella se detiene a bañar a su madre, a alimentarla, a ser su brújula en medio de la demencia.
Siento una profunda admiración al verla. Me pregunto cuántos, con todos sus sentidos supuestamente intactos, serían capaces de entregarse así, sin quejas, convirtiendo el sacrificio en una danza cotidiana de paz. Ella no solo salió adelante; ella se convirtió en el faro de una casa que, sin su luz, estaría a oscuras.
Escrito por: Rosa de la Aurora
Costa Rica
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A veces los seres que crecen y se desarrollan en la marginalidad suelen, al mismo tiempo, desarrollar en su interior una fuerza no sólo necesaria, sino además creativa, hasta convertirse en gigantes morales de la vida.
ResponderEliminarMe gustó mucho ese contraste que supiste manejar entre la brutalidad de la época escolar y la ternura que la protagonista supo exponer en su vida. El acto de comprender, creo yo, no es acumular sabiduría, sino manifestar lo mejor posible los actos cotidianos.
Amiga, en tus textos siempre encuentro un discurso y un puñado de frases luminosas, y eso es algo lógico ya que nacen de una persona que, así me parece, tiene la misma luminosidad en su rostro.
Te dejo un abrazo cordial.
¡Muchas gracias, amigo Valdo!
EliminarMe conmueve leer tu análisis. Saber que lograste percibir ese contraste entre la dureza y la ternura me llena de satisfacción, pues es precisamente el corazón de lo que intento transmitir.
Gracias por detenerte a buscar esa luminosidad en mis letras y por tus palabras tan generosas hacia mi persona.
Te envió un abrazo de vuelta.