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viernes, 5 de octubre de 2018

Podría matarte: Poesía de deseo y juego amoroso-Rosa de la Aurora

Imagen de una guerrera con arco y flechas en el bosque, representando la fuerza y el deseo en la poesía

Podría matarte 


Podría matarte.  
¡Pero no quiero!  

Porque me gusta gozar   
y entretenerme entre tu juego, 
 deslizándome en tus caderas, 
y sentir los mil incendios 
que el demonio te deja 
si tan solo me acerco.

Podría matarte...
¡Pero no quiero! 

Me gusta divisarte  
cual presa del deseo,  
lamer tus miedos 
y verte escapar de mí, 
como un  ratón al ronroneo, 
que le consume lentamente, 
hasta su sombra con jadeos.

Podría matarte.

¡Pero no quiero! 

Porque de mis pocos antojos, 
escurridizos y sinceros, 
matarte a besos no quiero... 
¡Lo siento !
Ya no te me antojas, 
caballero.

Escrito por: Rosa de la Aurora

Costa Rica


Hay momentos en la vida donde el amor se convierte en un juego de astucia y pasión, un espacio donde las emociones nos invaden con una fuerza que casi asusta. Este poema, "Podría matarte", es un paseo tangible por esas sensaciones de sensualidad intensa que a veces olvidamos con el paso de los años. Nos recuerda que el amor es, en el fondo, el juego más hermoso que existe; uno donde podemos construir cosas reales mientras jugamos con el deseo y la pasión, pero siempre manteniendo nuestra propia voluntad.
​En estas letras se siente una cacería consentida, donde el deseo es el motor que lo mueve todo. Habla de esa electricidad que surge cuando dos personas se provocan, se buscan y se "incendian" con solo acercarse. Es una forma de decir que la pasión no tiene por qué ser algo serio o pesado, sino que puede ser un entretenimiento del alma, una manera de sentirse vivo y de disfrutar del otro como quien disfruta de un juego donde nadie pierde, porque el premio es el goce mismo.
​Lo más valioso de este poema es la vuelta de tuerca del final. Nos enseña que, aunque el deseo sea muy fuerte, la persona siempre tiene la última palabra. Ese cierre con el "¡Caballero!" es un recordatorio de que somos dueños de nuestros antojos y que la pasión, para que sea verdadera y construya algo real, debe ser libre. Es un canto a la mujer que conoce su poder, que sabe jugar con el fuego sin quemarse y que entiende que el amor romántico también tiene su parte de picardía y de poner límites cuando el interés se acaba.
​Mantener este espíritu vivo es lo que nos permite no perder la esencia con el tiempo. El amor apasionado, el que nos hace sentir ese "ronroneo" en el pecho, es lo que le da color a la vida. A través de estas letras, se invita al lector a no tener miedo de sus propios incendios y a ver el deseo como una herramienta de libertad y de alegría.


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